viernes, 25 de febrero de 2011

El último espía / Pablo De Santis


espía, el último espía
Puntaje
Lector sano: 8
Lector enfermo: 8

Lo bueno de tener hijos es la lectura infantil. Se empieza con el librito que aprieta y hace cuac! al de dibujos coloridos y luego al de tramas y personajes más elaborados. Entonces podemos volver a nuestros clásicos intentando que también sean clásicos para nuestros hijos (y sin lograrlo!); o visitar o descubrir autores en danza.


Es el caso de Pablo de Santis, que hace unos años se ganó un premio con buena guita por El enigma de París, y que viene escribiendo literatura destinada a adultos pero con elementos de género que le vienen de niño.

Me explico.

En la mencionada El enigma…, por ejemplo, se reunían los doce mejores investigadores del mundo en la exposición universal de París, fines del siglo 19. Este marco le sirve a De Santis para llevarnos a un policial de asesinatos inteligentes, sospechosos extranjeros, acaso bruma, amores, etc, como si estuviéramos en el cine viendo una de Sherlock Holmes.

Volvemos a lo de la lectura infantil y al libro que nos ocupa: El último espía, escrito por nuestro autor años ha, cuando se dedicaba ciento por ciento a los jovencitos.

Y De Santis ya estaba allí!: enigmas, bromas naif pero lindas, personajes queribles, imaginación, inteligencia. Lo ideal para un lector de 9 para arriba o de un padre con ganas de volver a los 9.


El último espía reúne cinco cuentos con un intervalo. Les paso algunos títulos: El revólver del tiempo; El caso de los telescopios rotos; Santa Constanza del Milagro y las Migraciones. Los menciono para mostrar el tono.

Y se leen y se disfrutan. Y después, sin buscarlo, pero ahí está, uno ve la curva del tiempo. No solo la nuestra. También la de De Santis, que con síntesis y sin pretensiones logró un librito maravilloso (El último espía), pero que después se trasladó al mundo de los adultos metiendo más cosas, más vuelcas de tuerca, más pensamientos, estrategias de best sellers, dejando un poco atrás la idea de juego y cayendo en su propia trampa.

Eso al menos es lo que pasa con El enigma de París: fascina al principio y aburre después.

Y es, en cambio, lo que no pasa con El último espía: si tenés 9, te mete en la literatura para no sacarte más.  

1 comentario:

Yo digo: